Entrevista Ana Romero

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Ana Romero: “Veo a los jóvenes con cada vez más preparación”

La bailaora Ana Romero, nacida en Australia de padres andaluces, se subió por primera vez a un escenario con cinco años y, de forma profesional, a los catorce. Luego llegó a España y, entre gira y gira con Manuela Vargas o Cristina Hoyos, entre otros, se fue también haciendo en los tablaos madrileños como la artista de raza que es. Es una de las tres bailaoras fundadora de Las Carboneras y ve con pasión el progreso de las nuevas generaciones.

—Explícanos cómo ha sido tu trayectoria en el flamenco y cómo fuiste a parar al mundo de los tablaos.

—Yo empecé bailando a los cinco años en Australia en una comunidad española. Mi primera experiencia en tablaos fue a los catorce en Melbourne, donde en ese momento había varios tablaos que funcionaban. Mi profesor me introdujo y empecé a bailar de jueves a domingo. Luego ya vine a vivir a Madrid y al principio tenía mucho miedo, mucho respeto, al flamenco y no me atrevía. Pasó un año y curiosamente mi primera introducción al tablao fue a través de Tacha y de Belén Fernández. De una manera increíble porque no nos conocíamos, pero Tacha y Belén me habían visto en una clase bailar, les gustaba cómo bailaba y las dos fueron súper generosas y me dijeron que por qué no iba a un tablao y hacía una prueba para empezar a trabajar. Realmente empecé porque Belén lo organizó, Tacha se iba, yo hice la prueba y entré. A raíz de ahí trabajé en casi todos los tablaos de Madrid. Fue parte de mi formación y de mi trabajo durante muchos años, a parte de haberme integrado en compañías. Con el tiempo decidimos abrir Las Carboneras. Claro, Tacha es mi mejor amiga y ha sido compañera de tablao durante toda la época.

—Luego, al final, por llamarlo de alguna manera, te has convertido en una especialista de flamenco de tablao.

—Especialista yo no diría. En una curranta. Aparte de que el formato tablao no es fácil porque es el diario y no a todo el mundo le gusta el diario. Bueno, está Ángel Gabarre que es un icono y ese hombre funciona todos los días con la misma intensidad y las mismas ganas y es muy aficionado. Yo entiendo que el diario es realmente lo más difícil. Yo me identifico con ello, lo necesito y es mi forma de trabajar, quizás porque me he criado así y somos animales de costumbres. A mí me encanta trabajar cada día.

—¿Y cuál es la diferencia fundamental que tú encuentras entre bailar cada día en un tablao y otra cosa que tú también has hecho (además, bastante) que es actuar en espectáculos?

—Es que es muy diferente bailar en espectáculos a bailar en un tablao. En un tablao hay una conexión muy directa con el público, se vuelve más íntimo. Personalmente, es eso lo que a mí me atrae. De repente te encuentras con una sala llena y te sorprendes de la atención y la conexión que tienes con la gente. En el tablao se trabaja más el momento, lo que le ocurre a cada uno. Muchas veces no funciona, pero muchísimas sí, y esa es la gratificación. Cuando realmente llegas a esa magia, solo puede ocurrir en ese momento y es irrepetible porque la siguiente vez será de otra manera. Y en el teatro funciona así pero es diferente, se va con un trabajo organizado, das rienda a eso más espontáneo, pero de forma más limitada.

—¿Te gustaría destacar a algunos artistas que te hayan influido particularmente a lo largo de los años que llevas en el flamenco?

—Creo que todo el mundo influye en tu trayectoria y todos pasan por tu vida por algo, yo creo que las cosas no son gratuitas, pero que a mí me hayan llegado de una forma muy particular… Tuve la suerte de trabajar con Manuela Vargas, que tenía una forma muy especial de trabajar. Te estoy hablando de hace muchos años y se trabajaba de otra manera. Era un ser muy especial, la emoción era muy importante dentro del trabajo. La técnica también, pero la emoción era lo que prevalecía en su trabajo. Ha influido en mí muchísima gente y seguramente no me acuerdo de muchos de ellos, pero una gotita sí que se te queda de cada uno. Tengo muchísima admiración por Ángel Gabarre, en particular, porque llevo trabajando con él desde que empezamos en Las Carboneras [año 2000] y los 9 años anteriores en el Alcazaba. Ángel es alguien que me llega de una forma muy directa, muy profunda, su forma de expresión y lo generoso que es. También me gustó un montón trabajar con Cristina Hoyos. Aprendes otro tipo de flamenco, otra manera. No te podría decir una persona en particular, todo el mundo ha aportado algo. Todo el mundo te regala cosas.

—La experiencia del tablao os ha llevado en los últimos años a crear un concurso de baile que os ha dado la oportunidad de saber cómo están las nuevas generaciones. ¿Por dónde crees tú que está yendo el flamenco ahora mismo?

—En el flamenco veo a la gente con muchísimas ganas y muchísima ilusión, con pocas posibilidades de poder exponer. En el tablao, cuando hemos hecho el concurso, me he emocionado un montón. La gente se presenta con mucha ilusión y lo que les falta es experiencia. Desafortunadamente no hay muchas posibilidades. Hace unos 10 años había muchas compañías, tenías posibilidades de hacerte en un formato de compañías, grupos y galas. Todo eso está muy reducido ahora. Ahora veo a gente con mucha ilusión, ganas y mucha más preparación, mucha más cada vez. También tienen acceso a internet, todo está expuesto. Luego es cuestión de que cada uno encuentre su personalidad, que eso se hace con la experiencia. Hay poquitos que están tocados con la vara, gente muy especial, pero los demás, los currantes del flamenco, que somos todos, es una carrera a largo plazo, ir trabajando, creando una personalidad a base de tus vivencias, con lo que te identificas y de lo que sientes.

—Otra cosa que te ha caracterizado a ti es haber trabajado mucho en el extranjero. ¿Crees que el flamenco está valorado fuera?

—Creo que el flamenco en el extranjero está súper valorado, a veces más que aquí mismo. Que hay una afición y un respeto enorme, que la gente apuesta por el flamenco fuera de España. Los límites son infinitos, tenemos que estar muy agradecidos, es gente que viene, emplea su tiempo, sus ilusiones, su dinero aquí en España para poder seguir moviéndolo fuera. En el flamenco, te mueves o no te mueves, pero no deja a nadie indiferente. Se hace una flamenco maravilloso fuera de España, hay unos festivales súper importantes fuera, que siguen dejándolo a una altura importante para el género.

—Y el público se incrementa, una gran parte del público del tablao es extranjero.

—Sí, la mayor parte del público es extranjero, pero eso no significa nada. Cuando uno hace su trabajo lo hace para uno mismo y para compartirlo con tus compañeros, y eso no significa renunciar a la calidad. La calidad se tiene que exponer para todo el mundo. No creo que los extranjeros sean tontos. Lo mismo que cuando vas a un museo y a lo mejor no entiendes lo que estás viendo, la belleza eres capaz de captarla, la sensibilidad siempre está. Habrá de todo, pero por lo general veo a un público entregado, con muchas ganas de ver y de sentir.

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